El último deseo
Un día apareció una noticia de un niño que se había suicidado, supuestamente por acoso y humillaciones recibidas por parte de sus compañeros de colegio.
El siguiente relato me ha quedado un poco duro, áspero. Yo no querría leerlo. Quedáis advertidos. Otros dirán , bua, tampoco es para tanto, muy blandito.
Mañana cumpliría 12 años y pediría un deseo, mañana podría ver la realidad hecha ilusión.
¿Qué pediría?. ¿Qué deseo pediría?.
Cerró los ojos y pensó, las gafas de pasta gruesa le deformaban la nariz y los cristales gruesos del tipo culo de botella le daban el aspecto de un niño envejecido. Le pesaban las gafas. Se las arrancó de golpe y las tiró al suelo, los cristales no se rompieron, los pisoteó y los lentes crujieron, saltó sobre ellos con rabia liberadora.
Borrosamente intuía ahora su habitación.
Se acabó. No más cuatro ojos. No más gafotas. No más burlas. No más niño asustado.
Su primer deseo de mañana sería ver sin gafas.
Palpó la pared de la habitación hasta llegar al cajón de la mesilla donde guardaba una tableta de chocolate blanco y con avaricia y glotonería, sentado sobre la cama, la engulló enterita acompañada de unos emanens, unas gomilonas, gusanitos y un pedazo grande, -lo que quedaba -, de un brazo de gitano .
Se acabó. No más gordo. No más vaca Guili. No más risotadas. No más niño asustado.
Su segundo deseo de mañana sería comer siempre lo que le diese la gana y no estar nunca gordo.
Con el estómago quejándosele e intuyendo bultos en las formas, se acercó al armario y sacó un balón de reglamento nuevo sin usar, pero viejo, de dos años atrás cuando mamá se lo compró, pero no sabía jugar al fútbol y lo botó sobre el suelo, intentó patearlo con tan mala profesionalidad que ni lo rozó. Rodó hasta rebotar con la pared y allá quedó, volvió a intentar patearlo, pero con tanta perfección de lo absurdo que emitió un chillido cuando su pie impactó contra la pared y se arreó un culatazo contra el suelo al perder el equilibrio.
Se acabó. No más jugar de árbitro. No más de recogepelotas. No más balonazos. No más niño asustado.
Su tercer deseo de mañana sería ser el mejor futbolista del colegio.
Se palpó su trasero dolorido y se rascó el brazo, la cabeza, la espalda, el picor producido por la psoriasis le empezó a molestar en aquel momento, sus dedos buscaban las zonas enrojecidas, enrojeciéndolas aún más con el rascado. Harto de aquello palpó el cajón de la mesilla, sacó la pomada y se la aplicó. Le dolía el estómago, el culo, le picaba todo el cuerpo y apenas distinguía mas que formas abultadas.
Se acabó. No más "Eso se pega, no te me acerques". No más "largo piojoso". No más leproso. No más niño asustado.
Su cuarto deseo de mañana sería no padecer ningún dolor ni ninguna enfermedad.
Los deberes, los había olvidado, y mañana había control, y las gafas estaban en el suelo hechas pedazos. Bien, adelantaría la petición de sus deseos al momento de despertar, antes de ir al colegio, daba igual, para entonces ya tendría doce años y podría pedir lo que deseara, por lo que no tendría que someterse a ningún examen más.
Se acabó. No más vago. No más zoquete. No más brazos en cruz de cara a la pared. No más repetir mil veces. No más niño asustado.
Su quinto deseo de mañana sería ser listo.
Cansado, se tumbó en la cama, no quería pensar en el matón del colegio y sus compinches, pero lo hizo, le estarían esperando para exigirle el maná, la paga, para echarle la zancadilla, hacerle los perrillos, o mojarle los pantalones a la altura de la bragueta para que todo el mundo pensara que se había orinado encima.
Se acabó. No mas humillaciones. No más golpes, ni capones, ni patadas. No más ultrajes. No más niño asustado.
Su sexto deseo de mañana sería ser fuerte y valiente.
Como el sueño no llegaba, empezó a pensar en algo agradable, en la chica más guapa de la clase, en Laura, no era una niña tonta como las otras, las que le decían, vete a jugar con los niños, gordo cuatrojos, pero nunca le había dirigido la palabra y eso era aún peor que un insulto ya que simplemente no existía.
Su séptimo deseo de mañana sería ser un niño guapo e interesante.
Y calló dormido.
Y entonces soñó que sus padres le compraban unas lentillas para niños, y le habían apuntado a un gimnasio también para niños, donde un profesor le daba clases para mantenerse en forma física correcta y perder peso, y un entrenador de fútbol le enseñaba el manejo del balón y su madre le empezó a no mimar tanto y a controlar los dulces que comía y encontró que la geografía, la naturaleza y las matemáticas hasta eran divertidas si se las sabían contar y explicar bien y sin castigos, como estaba empezando a hacer su padre, el cual le enseñó también a pelear jugando y le empezó a hablar de chicas y como tratar con ellas. Era un sueño muy completo, y muy largo, y no quería despertar, no quería cumplir 12 años, quería quedarse con su sueño y no con sus deseos, porque el sueño era real y ahora, y los deseos, deseos eran nada más.
Y decidió no despertar ya nunca más. No cumplir 12 años.
No deseaba deseos. Con su sueño imperfecto le sobraba.
Y soñó que pasaba un año y otro y otro y soñó que seguía dormido ,y se hacía adolescente, luego adulto, luego mayor, y cuando soñando su sueño llegó a viejo sonó el despertador.
Encendió la luz, era el día de su cumpleaños, pero seguía viendo bultos borrosos, le dolía y picaba el cuerpo entero, le dolía la barriga, hasta el trasero.Un control le esperaba en el colegio. Le diría a mamá que se le habían roto las gafas y que no veía nada y así no iría a la escuela, ni se encontraría con acosadores infantiles.
Era una buena idea. Pero algo no cuadraba en la historia.
¡ Las gafas de repuesto ¡
Corrió hacia el cajón, a tientas las sacó, mientras, intentaba pensar como deshacerse de ellas, se acercó al espejo, aunque ese día no fuera al colegio, pensó en lo único agradable que allí encontraba, en Laura y quiso ponerse guapo para ella, se colocó las gafas sobre el puente de la nariz, por última vez, antes de romperlas y coqueto y vanidoso se miró sobre la luna de cristal y allá vio a
A un viejo medio moribundo y tembloroso con el pelo desgreñado, que le miraba a él fijamente desde dentro del espejo. Era realmente repulsivo.
Su último deseo fue volver a cumplir 12 años.
El siguiente relato me ha quedado un poco duro, áspero. Yo no querría leerlo. Quedáis advertidos. Otros dirán , bua, tampoco es para tanto, muy blandito.
Mañana cumpliría 12 años y pediría un deseo, mañana podría ver la realidad hecha ilusión.
¿Qué pediría?. ¿Qué deseo pediría?.
Cerró los ojos y pensó, las gafas de pasta gruesa le deformaban la nariz y los cristales gruesos del tipo culo de botella le daban el aspecto de un niño envejecido. Le pesaban las gafas. Se las arrancó de golpe y las tiró al suelo, los cristales no se rompieron, los pisoteó y los lentes crujieron, saltó sobre ellos con rabia liberadora.
Borrosamente intuía ahora su habitación.
Se acabó. No más cuatro ojos. No más gafotas. No más burlas. No más niño asustado.
Su primer deseo de mañana sería ver sin gafas.
Palpó la pared de la habitación hasta llegar al cajón de la mesilla donde guardaba una tableta de chocolate blanco y con avaricia y glotonería, sentado sobre la cama, la engulló enterita acompañada de unos emanens, unas gomilonas, gusanitos y un pedazo grande, -lo que quedaba -, de un brazo de gitano .
Se acabó. No más gordo. No más vaca Guili. No más risotadas. No más niño asustado.
Su segundo deseo de mañana sería comer siempre lo que le diese la gana y no estar nunca gordo.
Con el estómago quejándosele e intuyendo bultos en las formas, se acercó al armario y sacó un balón de reglamento nuevo sin usar, pero viejo, de dos años atrás cuando mamá se lo compró, pero no sabía jugar al fútbol y lo botó sobre el suelo, intentó patearlo con tan mala profesionalidad que ni lo rozó. Rodó hasta rebotar con la pared y allá quedó, volvió a intentar patearlo, pero con tanta perfección de lo absurdo que emitió un chillido cuando su pie impactó contra la pared y se arreó un culatazo contra el suelo al perder el equilibrio.
Se acabó. No más jugar de árbitro. No más de recogepelotas. No más balonazos. No más niño asustado.
Su tercer deseo de mañana sería ser el mejor futbolista del colegio.
Se palpó su trasero dolorido y se rascó el brazo, la cabeza, la espalda, el picor producido por la psoriasis le empezó a molestar en aquel momento, sus dedos buscaban las zonas enrojecidas, enrojeciéndolas aún más con el rascado. Harto de aquello palpó el cajón de la mesilla, sacó la pomada y se la aplicó. Le dolía el estómago, el culo, le picaba todo el cuerpo y apenas distinguía mas que formas abultadas.
Se acabó. No más "Eso se pega, no te me acerques". No más "largo piojoso". No más leproso. No más niño asustado.
Su cuarto deseo de mañana sería no padecer ningún dolor ni ninguna enfermedad.
Los deberes, los había olvidado, y mañana había control, y las gafas estaban en el suelo hechas pedazos. Bien, adelantaría la petición de sus deseos al momento de despertar, antes de ir al colegio, daba igual, para entonces ya tendría doce años y podría pedir lo que deseara, por lo que no tendría que someterse a ningún examen más.
Se acabó. No más vago. No más zoquete. No más brazos en cruz de cara a la pared. No más repetir mil veces. No más niño asustado.
Su quinto deseo de mañana sería ser listo.
Cansado, se tumbó en la cama, no quería pensar en el matón del colegio y sus compinches, pero lo hizo, le estarían esperando para exigirle el maná, la paga, para echarle la zancadilla, hacerle los perrillos, o mojarle los pantalones a la altura de la bragueta para que todo el mundo pensara que se había orinado encima.
Se acabó. No mas humillaciones. No más golpes, ni capones, ni patadas. No más ultrajes. No más niño asustado.
Su sexto deseo de mañana sería ser fuerte y valiente.
Como el sueño no llegaba, empezó a pensar en algo agradable, en la chica más guapa de la clase, en Laura, no era una niña tonta como las otras, las que le decían, vete a jugar con los niños, gordo cuatrojos, pero nunca le había dirigido la palabra y eso era aún peor que un insulto ya que simplemente no existía.
Su séptimo deseo de mañana sería ser un niño guapo e interesante.
Y calló dormido.
Y entonces soñó que sus padres le compraban unas lentillas para niños, y le habían apuntado a un gimnasio también para niños, donde un profesor le daba clases para mantenerse en forma física correcta y perder peso, y un entrenador de fútbol le enseñaba el manejo del balón y su madre le empezó a no mimar tanto y a controlar los dulces que comía y encontró que la geografía, la naturaleza y las matemáticas hasta eran divertidas si se las sabían contar y explicar bien y sin castigos, como estaba empezando a hacer su padre, el cual le enseñó también a pelear jugando y le empezó a hablar de chicas y como tratar con ellas. Era un sueño muy completo, y muy largo, y no quería despertar, no quería cumplir 12 años, quería quedarse con su sueño y no con sus deseos, porque el sueño era real y ahora, y los deseos, deseos eran nada más.
Y decidió no despertar ya nunca más. No cumplir 12 años.
No deseaba deseos. Con su sueño imperfecto le sobraba.
Y soñó que pasaba un año y otro y otro y soñó que seguía dormido ,y se hacía adolescente, luego adulto, luego mayor, y cuando soñando su sueño llegó a viejo sonó el despertador.
Encendió la luz, era el día de su cumpleaños, pero seguía viendo bultos borrosos, le dolía y picaba el cuerpo entero, le dolía la barriga, hasta el trasero.Un control le esperaba en el colegio. Le diría a mamá que se le habían roto las gafas y que no veía nada y así no iría a la escuela, ni se encontraría con acosadores infantiles.
Era una buena idea. Pero algo no cuadraba en la historia.
¡ Las gafas de repuesto ¡
Corrió hacia el cajón, a tientas las sacó, mientras, intentaba pensar como deshacerse de ellas, se acercó al espejo, aunque ese día no fuera al colegio, pensó en lo único agradable que allí encontraba, en Laura y quiso ponerse guapo para ella, se colocó las gafas sobre el puente de la nariz, por última vez, antes de romperlas y coqueto y vanidoso se miró sobre la luna de cristal y allá vio a
A un viejo medio moribundo y tembloroso con el pelo desgreñado, que le miraba a él fijamente desde dentro del espejo. Era realmente repulsivo.
Su último deseo fue volver a cumplir 12 años.
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